La batalla es cultural
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- By Mabel Zecca
La cultura de nuestro pueblo debe ser abordada como un componente trasversal a todas las políticas publicas que se traten y no como un elemento aislado y decorativo que genere disputas presupuestarias; la CULTURA es sin lugar a dudas el debate pendiente que debemos darnos.
Este fin de semana hemos presenciado como la manipulación de la misma busca modificar los valores culturales de nuestro país afectando las raíces de nuestro ser nacional. Pero para poder explicar en profundidad este tema debemos comenzar por revisar las diferentes interpretaciones dadas al término cultura. Tylor (1871) y Nelson Vergara (2010) explican que bajo la perspectiva de la epistemología moderna el mismo tuvo un doble sentido: por un lado, las artes bajo el dominio de la estética y por otro, la producción intelectual. Posteriormente, García Canclini (1987), Cruz Rodríguez (1993) y Giddens (1991), desde una perspectiva posmoderna (sociológica), plantean que la cultura fue vinculada a las formas de vida de los miembros de una sociedad o de sus grupos. Por su parte, Ander Egg (1992) explica que cultura es un concepto general, pero que existen tres concepciones que se suelen utilizar. La primera cultura como refinamiento cultural, la segunda como estilo de vida adquirido, y la tercera es la cultura constructiva - "la cultura como creación de un destino personal y colectivo".
Los Organismos internacionales redefinieron el concepto de cultura a través de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en el año 1948, ya que consideran que el derecho a la cultura significa el derecho de todas las personas al acceso y a la participación en la vida cultural de la comunidad y a gozar de los bienes culturales (art. 27), ya que éstas son las condiciones necesarias para el pleno desarrollo de las personas. Por su parte, en el año 1982 en México la UNESCO realizó la Conferencia Mundial sobre las Políticas Culturales, en la que la comunidad internacional contribuyó de manera efectiva con la definición de cultura , ya que “A través de ella el hombre se expresa, toma conciencia de sí mismo, se reconoce como un proyecto inacabado, pone en cuestión sus propias realizaciones, busca incansablemente nuevas significaciones, y crea obras que lo trascienden (cita textual)” Posteriormente afirmaron que la cultura es un “bien público mundial” (UNESCO, 2022).
Desde una perspectiva sociológica, Giddens (1991) plantea que “La cultura tiene que ver con las formas de vida de los miembros de una sociedad o de sus grupos. Incluye el modo de vestir, las costumbres matrimoniales y la vida familiar, las pautas laborales, las ceremonias religiosas y los pasatiempos”, incorporando a las dimensiones artísticas, aquellas vinculadas con los saberes, las costumbres, la religión y la comunicación. El autor explica que la cultura se diferencia conceptualmente de la sociedad, pero están estrechamente vinculadas ya que ninguna cultura podría existir sin sociedad y del mismo modo no puede haber una sociedad carente de cultura. Esta ampliación del significado de la cultura se ha considerado esencial para un verdadero desarrollo de las personas y la comunidad.
García Canclini (1989) define a la cultura como “el conjunto de procesos donde se elabora la significación de las estructuras sociales, se la reproduce y transforma mediante operaciones simbólicas”. Esta perspectiva busca contribuir a un acercamiento real entre los diferentes actores que coexisten en las comunidades, pero además busca comprender a los grupos que las integran, y es por ello que se considera a la cultura como “(…) el conjunto de los rasgos distintivos, espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan a una sociedad o un grupo social“(UNESCO, 1982), de esta manera se amplía el alcance del término cultura, entendiéndola como un proceso social donde las prácticas culturales, políticas y simbólicas, permiten distinguir a un pueblo otorgándole identidad.
Los integrantes de un grupo o sociedad adquieren conocimientos por distintos medios, que al mismo tiempo son asimilados e interpretados para luego ser transformados, actualizados y modificados. Así, para Geertz (1997), la cultura es pública y no pertenece a nadie en particular. Entonces, la cultura es el conjunto de conocimientos, interacciones y características que son representativas de diferentes grupos sociales y de sociedades completas, ya que la cultura tiene diferentes niveles de representación.
En una crítica a las conceptualizaciones actuales sobre la cultura, Vich (2021), plantea que la cultura no es solo una buena palabra o algo siempre positivo para la sociedad, ya que la cultura pública es siempre hegemónica (siendo muchas veces discriminatoria de otras formas). Por su parte, Milner (2003 en Armand Pilón, Lema, Ruiz y Scarlato, 2011) dice que "El ocio, como manifestación cultural, se torna mercancía de intercambio, siendo vehiculizada por la industria cultural en forma de mercancías lúdico-culturales", presentándose como instrumento para impulsar el desarrollo en distintas planificaciones.
Las diferentes conceptualizaciones nos permiten acercarnos a distintas miradas y definiciones; por ello, podemos referirnos a la cultura como un proceso social donde las prácticas culturales, políticas y simbólicas permiten distinguir a una comunidad otorgándole identidad. Toda la cultura que conocemos utiliza cuatro grandes canales para su transmisión que interactúan de manera simultánea y trasversal, permeando a todas las capas sociales. Estos son: la comunicación, los saberes, el conocimiento y las creencias. Los mismos interactúan entre sí para poder transmitir un mensaje, crear identidad y fortalecer el sentido de pertenencia.
Antonio Gramsci a principios del siglos XX propone el concepto BATALLA CULTURAL (o guerra cultural) derivado de los conceptos de hegemonía cultural y dominio ideológico, planteando que, para transformar la sociedad y el Estado, primero se debe incidir en el ámbito educativo y cultural para establecer un nuevo sentido común (consenso social).
Ya en este siglo, la derecha (y la ultra derecha y todas sus derivaciones) se apropian del mismo resignificándolo para conseguir un nuevo consenso social, y dar una nueva BATALLA CULTURAL que les permita hacerse de una hegemonía ideológica-cultural. Por ello, la CULTURA no es solo un debate sobre las actividades artísticas, es un debate sobre nuestra identidad.
Las políticas públicas llevadas adelante por estos sectores no tienen ningún tipo de reparo en falsearlo todo, con el objetivo de atribuirse una validación histórica inexistente, apoyados en las herramientas de comunicación más hegemónicas que la humanidad haya vivido (entre ellas, redes sociales manipuladas por algoritmos, IAG, buscadores con IA, entre otras), que están destruyendo nuestra historia nacional, afectando nuestro sistema de valores hasta sus raíces.
Un claro ejemplo de ello, es la construcción de valores ideológicos alternos, utilizando a nuestros proceres mediante variadas estrategias comunicaciones (imágenes distorsionadas en redes sociales, discursos inexistentes, influencers políticos, alteraciones en los significados de sus discursos, etc.) con el objetivo de reinventar nuestra historia nacional, atribuyéndole el conocimiento a una nueva especie de ser social, al que llamaré “gurúes de la ignorancia”.
Por ello, puedo afirmar que estas políticas públicas no son únicamente un abandono del sector, como muchas personas argumentan con cierto grado de inocencia, son políticas de transformación orientadas a modificar el sistemas de creencias sociales, en donde el Estado y sus políticas culturales impulsan aquellas manifestaciones culturales que promueven mayoritariamente el intercambio de mercancías (ICC), con una hegemonía discriminatoria de otras formas de pensamiento, desvirtuando la identidad y la memoria de nuestras comunidades y de nuestra NACION.
REPITO y vuelvo a REPETIR que estamos ante la presencia de una consiente afectación de nuestros sistemas de creencias, los cuales están siendo manipulados de múltiples maneras con afirmaciones poco creíbles que nadie se toma el tiempo en verificar, pero que horadan nuestro ser nacional. Todo esto es posible cuando las políticas culturales públicas son manipuladas intencionalmente por un Estado que tiene como fin redefinir la identidad nacional, convirtiendo a los ciudadanos en miembros de una colonia dentro de un contexto mundializado de poder, que ha quedado en manos de algunos grupos económicos que necesitan inexorablemente de pueblos blandos para ceder sus bienes y su identidad.
La BATALLA ES CULTURAL y si queremos tener futuro, un futuro de todos y todas las personas sin distinción de edad ni de origen, en donde los saberes de la comunidad tienen peso, debemos comenzar a generar cambios. Esto es una BATALLA CULTURAL y no una simple política de desfinanciamiento.
Por ello, insisto en que debemos unirnos ya que este tipo de cambios puede hacerse con políticas públicas nacionales que fortalezcan los sistemas de creencias que permitieron que esta NACIÓN se construya solidaria, responsable de las personas y las comunidades, que respete los derechos y las historias compartidas, los valores de nuestras familias y el respeto por las generaciones que nos precedieron avanzando hacia un futuro común. Esta es nuestra BATALLA CULTURAL.


