Mujer tecleando en una notebook y con un celular en la mano

Democracia y Sociedad de conocimiento
La discusión sobre soberanía digital suele generar un falso dilema: integración global o autonomía nacional.

Sin embargo, la verdadera pregunta no es si debemos conectarnos al mundo o aislarnos de él. La cuestión es en qué condiciones participamos de la economía digital global.

La soberanía digital no implica construir una Internet nacional cerrada, ni renunciar a la cooperación tecnológica internacional. Tampoco significa reemplazar toda tecnología extranjera por desarrollos locales. En un ecosistema digital globalizado, eso sería materialmente imposible.

Lo que se propone es algo diferente: desarrollar capacidades propias para decidir, negociar y participar en igualdad de condiciones.

La dependencia tecnológica no surge por utilizar tecnologías globales, sino por no contar con alternativas, capacidades de auditoría o poder de negociación frente a quienes las proveen. Por eso, la soberanía digital debe entenderse como una ampliación de capacidades y no como una política de aislamiento.osva

Una mirada desde América Latina
América Latina ya conoce las consecuencias de ocupar posiciones subordinadas en las cadenas globales de valor.

Durante décadas exportó materias primas e importó tecnología, hoy existe el riesgo de reproducir esa misma lógica en el entorno digital: exportando datos; importando inteligencia artificial; utilizando plataformas sobre las cuales no tiene capacidad de incidencia; consumiendo tecnologías cuyos criterios de funcionamiento desconoce.

imagen de un mundo coenctado

La soberanía digital aparece entonces como una estrategia para evitar que la transformación tecnológica profundice desigualdades históricas.

El aporte de la gobernanza de Internet
Desde los espacios de gobernanza de Internet existe una enseñanza importante. Internet se construyó gracias a modelos abiertos, colaborativos y multisectoriales, la interoperabilidad, los estándares abiertos y la participación de múltiples actores permitieron que la red creciera como un espacio global. Por eso la soberanía digital no debería confundirse con control absoluto del Estado sobre Internet, más bien debería buscar un equilibrio entre: Estado; sector privado; comunidad técnica; academia; sociedad civil. 

La construcción de capacidades soberanas requiere precisamente fortalecer ese modelo multiactor.

La dimensión ciudadana
Muchas veces la discusión sobre soberanía digital se concentra en data centers, nubes o inteligencia artificial, pero existe otra dimensión igual de importante: los ciudadanos.

No habrá soberanía digital si la población carece de acceso significativo a Internet.No habrá soberanía digital si las personas son únicamente consumidoras pasivas de aplicaciones y no habrá soberanía digital si la ciudadanía desconoce cómo funcionan los sistemas digitales que utiliza todos los días. La verdadera soberanía digital requiere: Acceso universal; Alfabetización digital; Formación crítica; Protección de derechos; participación ciudadana.

Una sociedad digitalmente competente es tan importante como una infraestructura digital soberana.

La soberanía digital no consiste en desconectarse del mundo. Consiste en conectarse al mundo desde una posición de autonomía.

Significa que nuestros datos, nuestras capacidades tecnológicas, nuestras instituciones y nuestros ciudadanos puedan participar de la sociedad digital global sin quedar subordinados a intereses externos. En definitiva, la soberanía digital no es una discusión sobre tecnología; es una discusión sobre democracia, desarrollo y derechos en el siglo XXI.

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